Cultura Chinchorro

Hace 7000 años, en la quietud del desierto del norte de Chile y con la brisa constante del mar, un pueblo de personas que hoy conocemos como cultura Chinchorro, emprendió un trabajo fascinante: la preservación de sus muertos. Dos mil años antes que los egipcios, estos antepasados elaboraban las primeras momias artificiales del mundo.

petit-clos-6-momias

Para realizar este especializado trabajo, los Chinchorro crearon varias técnicas con las cuales confeccionaron momias clasificadas en 3 tipos: Negras, Rojas y con Vendas. En el patio de sus pequeñas viviendas, construidas de palos y cubiertas de pieles de animales marinos y totoras, tenían todos los implementos usados por los expertos y aprendices que practicaban estas técnicas mortuorias: arcillas, fibras, cuchillos, pinturas, cuerdas y agua.

¿Cómo hacían las momias?

Para cada tipo de momia existía una técnica y terminaciones especiales. Las negras (5.000 a.c.) eran las más complejas, ya que los cuerpos se reconstruían como estatuas. Una vez limpio el cuerpo y esqueleto, se creaba un armazón o estructura interna muy rígida con huesos, palos y juncos, amarrados con cuerdas de fibra vegetal, reforzando la estructura al nivel de las rodillas, codos y tobillos. Luego, el preparador fúnebre moldeaba arcilla gris en todo el cuerpo, recuperando parte del volumen corporal perdido.

Con una pasta negra (óxido de manganeso), utilizando brochas de fibra vegetal, pintaban externamente todo el cuerpo con una delgada capa. Después, los preparadores fúnebres creaban una peluca con manojos cortos de cabello, atándolo en unos de sus extremos. Para modelar las características máscaras de las Momias Chinchorro, marcaban los ojos con un delgado palito, mientras que la nariz y la boca se señalaban con pequeños orificios. Posiblemente, creían que las momias contenían el espíritu del difunto, ya que las pintaban con los ojos y la boca abierta proyectando vida.

Las momias rojas (2.000 a.c.) eran un poco más sencillas que las negras y el cuerpo se intervenía menos, ya que hacían cortes a nivel del estómago y removían los órganos, aunque también se reforzaba la estructura con maderos, como en el caso de las momias negras.

Enseguida rellenaban el cuerpo con tierra y lana de camélido (como el guanaco), cerrando las incisiones una vez que lograban el volumen deseado. En la cabeza también se ponía una peluca con largos manojos de cabello, de unos 60 cm. de largo, para luego pintar todo el cuerpo con tierras rojas (óxido de fierro), exceptuando la cara que era de color gris, negra o rojiza.

Aparte de las diferencias en la confección, las momias rojas y las vendadas tienen un resultado más artístico, mientras que las negras eran más complejas en su elaboración. Los diferentes tipos se confeccionaron en diferentes épocas, comprendiendo en total un largo período de 3.500 años.

Las técnicas de conservación de los Chinchorro, la carencia de lluvias y las sales del desierto contribuyeron a la preservación de los cuerpos y de sus artefactos. Es indiscutible el cuidado que ponían en la decoración de las momias y en sus rituales, porque una vez terminado el proceso de momificación, el cuerpo podía ser venerado y mantenido en la comunidad.

Una de las características llamativas de los Chinchorro es que muchos de los cuerpos momificados corresponden a bebés y niños pequeños. Además de una forma de demostrar su amor por quienes partían prematuramente, esta práctica probablemente surgió por la larga exposición de este pueblo a un ambiente con altos niveles de arsénico, lo que provocaba alta mortalidad infantil. Al desconocer la explicación de este fenómeno, intentaron detenerlo preservando los cuerpos de sus seres queridos.

Si bien son muchas las preguntas sobre las personas de ese tiempo, este artículo pretende ayudar a comprender y desentrañar el pasado de las momias Chinchorro, las creaciones más antiguas de este tipo en el mundo.

Más información en :

- http://www.momiaschinchorro.com

- http://www.uta.cl/masma/

Articulo escrito por Bernardo Arriaza, Universidad de Tarapacá, Arica, Chile (*) y publicado en www.explora.cl

(*)Bernardo Arriaza obtuvo su doctorado en antropología física en la Universidad Estatal de Arizona, Estados Unidos y es académico del Instituto de Alta Investigación en la Universidad de Tarapacá, Chile. Sus líneas de investigación son bioarqueología andina, prácticas mortuorias, paleopatología y osteología humana. Se destacan sus estudios en torno a la cultura chinchorro y sus prácticas mortuorias, además de numerosas publicaciones científicas y de difusión.